Tuesday, August 27, 2013

Comentario sobre "Lectura de "El pequeño monje budista", por César Aira."

La obra de Aira se presenta precisamente como algo contra-globalización, como un país -con personajes extremos, con sus peculiaridades y su original cosmogonía- al que compramos un boleto y no es posible saber qué va a ocurrir a pesar de las expectativas occidentales que pudiéramos tener
Aira es transparente respecto de su "máquina de narrar":
  • El estilo está por encima del significado
  • La narración debe ser una única "huida hacia adelante"
Esto lo dice explícitamente a lo largo de su obra, y lo dice aquí en los fragmentos citados. En ese sentido mal puede considerárselo un latinoamericanista, porque en la medida en que el sentido no le interesa más que para impeler la narración, los temas y tópicos son arbitrarios (en efecto, ¿qué menos color local que un monje budista?), aleatorios, conjurados según la necesidad y no de acuerdo a plan.
El efecto general no deja de recordarme a Olga Orozco. Me tendría que fijar en su Diccionario de autores latinoamericanos, pero creo que a Aíra el simbolismo no le gusta. Por otro lado es amigo y admirador de su coterráneo y coetáneo poeta Arturo Carrera (que supo aparecer como personaje en la obra de Aíra), que sin caer en las profundidades sonoramente obtusas de Orozco también juega con la primacía del estilo sobre el significado. Si hay que relacionar a Aira con alguien es con él, y con los Lamborghini.
Mentar a Bolaños, a Vila-Mata y a Fuentes me parece no sólo irrelevante sino directamente generador de confusión. No digo que no tengan relación (pero leer El congreso de literatura para obtener un atisbo de la opinión de Aira sobre el boom), pero no creo que la obra de Aira esté explícitamente en diálogo con ellos.

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El diálogo que propongo entre las obras de los demás escritores es un juego personal, en algún punto lo explico.
Probablemente para Aira sea más importante el estilo de la narración que el significado; mas para el lector eso no necesariamente puede ser siempre cierto. El lector, al hacer la lectura, es como si escribiera de nuevo el libro. Sería muy difícil, si no que imposible, prescindir de una interpretación simbólica, habría que preguntarse entonces, ¿por qué se ha elegido una palabra y no otra? ¿por qué un tema y no otro? ¿por qué haberle dado continuidad? Sí, él expresa con transparencia que para él es contar un cuento; esto no tiene por qué ser verdad, por lo menos no enteramente verdad. Si la narración es la única "huida hacia adelante", para el lector la interpretación es también "la única huida hacia adelante". De no ser la interpretación parte del lector, entonces la lectura se volvería un mero artefacto de entretenimiento que sugeriría inclusive con más vehemencia mi teoría en la cual los escritores de América Latina están de manera indirecta empujando a los lectores a dejar de pensar, de hacer análisis crítico. Ningún tema puede ser arbitrario. A pesar de: "Porque el continuo, que es el impulso permanente de continuación, no se confunde con la continuidad. No hay una necesidad ideal que lo determine, diríamos mejor que es, paradójicamente, la secreta intervención del azar quien lo gobierna." En "Yo era una chica moderna" dice algo así como: sí, está el azar, mas hay elementos que desconocemos que en una u otra medida determinan esa ilusión de azar. Y por su mera ubicación geográfica y experiencia personal en Argentina, no se lo puede desprender de la categoría de escritor latinoamericano. Y seamos claros, estoy escribiendo para dar mi interpretación personal, no para descifrar los motivos ocultos de Aira, que quizá para él ni existan.
"El estilo está por encima del significado." El hecho de que esté por encima no significa que lo anula. Consideraré tu comentario para próximas lecturas e interpretaciones, muchas gracias.
Mi intención con el juego es iniciar un círculo de sospecha, una especie de leyenda urbana con el propósito de atraer más lectores. Aunque en la introducción de "Amberes", de Roberto Bolaño(escrito en 2002), se lee lo siguiente: "Una noche concebí un sistema para ganar dinero fuera de la ley. Una pequeña empresa criminal. En el fondo todo consistía en no hacerse rico de golpe. Mi primer cómplice, un amigo argentino tristísimo, me contestó con un refrán que más o menos venía a decir que cuando uno está en la cárcel o en el hospital, lo mejor es estar también en su propio país, supongo que por las visitas." No conocí personalmente a Bolaño; pero ese adjetivo: tristísimo, me dice a mí mucho. Y me parece luego sospechoso que no mencione el nombre de su amigo. Más aún sería extrañísimo que Bolaño y Aira hayan sido amigos sin que se supiera públicamente, estaría el misterio del por qué ocultaron su amistad. Luego de la entrevista que le hacen en Chile a Bolaño, en donde menciona a Aira, me parece probable que haya habido un diálogo entre ellos. Ya sea posterior a la entrevista o anterior, la probabilidad de que no haya existido me parece muy baja.

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Entendí perfectamente el núcleo del análisis. Pretendí proponer otro, antipodal, un poco porque leí mucho Aira y tengo mis sospechas (más o menos documentadas; insisto, leer el Diccionario es revelador) acerca de la ideología detrás de su escritura, un poco porque mi ideología literaria es "anti-" (anti-compromiso, anti-nacionalismo, anti-latinoamericanismo, anti-verdades; bien postmoderna), un poco porque del mismo texto podemos y debemos hacer lecturas únicas, individuales, arbitrarias.
Vuelvo a tu idea:
Ningún tema puede ser arbitrario.
No si privilegiamos la lectura: el tema que recibimos, que leemos es el que es y nunca otro. Pero es clave recordar que estamos leyendo a Aira aquí, donde la escritura (como proceso, como cosmogonía) tiene primacía absoluta: es incidental que leamos las novelas de Aira (incidental que las leamos, no que sean de él en vez de de otro), porque viven en el presente eterno de la escritura en devenir. La lectura sólo sirve para mantener en marcha la máquina de narrar. Aira no cuenta para que lo leamos sino que invierte la relación y nos pide que lo leamos para que él pueda contar.
Para mí esto explica su presencia ubicua como personaje en su obra, y el volumen increíble de su producción. La máquina Aira no se detiene nunca porque es la literatura misma. No puede formar parte de la literatura latinoamericana porque la contiene en transcendencia permanente. Pero precisamente eso es lo que para mí justifica decir que los temas en Aira son arbitrarios, porque todos los temas le son propios, en cuanto máquina-literatura; que sea éste o aquél en una obra determinada no es producto del azar (no podría serlo) pero es completamente contingente.

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