Friday, August 14, 2009

La íntima biografía del tercer momento

De todas las filosofías e ideas que habíamos leído en cualquier lugar que se pueda leer habíamos encontrado ya suficiente material para converger las calles de nuestro pensamiento alinéandolas con el comportamiento que pudiera sucitar algún tipo de problema. No ha sido fácil aceptar que los problemas surgen de golpe, la dificultad radica en la elección que tomamos por el delirio sin proceso; porque de algo estabamos seguros: los procesos son maquinales y nosotros, que no le quepa duda, nos decía Joseph Pla, no somos máquinas. Cualquier tipo de alto era ya formar parte de un sistema de calles, de números, de direcciones, de nombres y aquello en realidad era sólo una pintura fugaz del mundo que podíamos olvidar de un momento a otro con el uso de algún estupefaciente, como suelen llamarlos ahora pero que no por eso ibamos a dejar de usarlos porque siempre cabe la posibilidad de llamar las cosas de otra manera, de cambiares el sentido y ponerles un significado porque son pequeños otros para llegar al gran otro, diría algo así alguien hablando de Lacan, mas no quisiera pensar en eso porque agregarme más al problema que estaba surgiendo sería reducir la calidad de mi dureza, y era importante mantenerla si quería que sucediera lo que ya estaba esperando con ansiedad excesiva: ella en algún momento daría un giro y sus ojos quedarían fijos en el verbo y todo lo demás sería un adorno que simplemente se hallaba allí en las circunstancias que peligrosamente no concordaban con nuestros sentimientos. Vendría acercándose cada vez más a mi cara con su cara para dejarme ver sus labios y que supiera en el momento que debieran estar junto a los míos porque si no de qué manera ibamos a sabernos de carne y hueso como todos se saben en algún momento e intentan no olvidar su yo y todas la estructuras que supuestamente rigen nuestro comportamiento mas no logran hacerlo por completo porque al parecer no se dejan seducir por la noción delirante del antiproceso. Soy hombre, soy computadora, soy robot: que no le quepa duda, somos locos y no sabemos aún qué es la locura. Por suerte no lo sabremos nunca, no está en nosotros descifrar lo indescifrable por más sospechoso que nos parezca, por más detectivescos que nos pongamos y por más lupas y demás instrumentos de investigación científica manifestemos a los otros otros que nos ven como el otro otro que busca y no encuentra y no deja de parecernos un fracaso y se inventa toda una cosmogonía estúpida que sólo valida sus acciones pero nunca las ajenas para que entonces un montón de jóvenes lo vean con una cara desfigurada por la decepción mientras piensan en la similutud que existe entre un hombre de ciencia que a través del método científico llega a una conclusión similar a la de una madre regiomontana desesperada por exponer su opinión que ni es suya sólo la carga desde algún momento porque así le parece que debe ser, quizá el padre de la mujer tenía problemas para mantenerse viril durante un largo período de tiempo y en su coraje que no llegó a provocarle un suicidio salía del cuarto enojado para poner en su lugar a las hijas e hijos que todavía no conocían nada del himen y demás cosas adolescentes con preocupaciones de huevo con chorizo, además de los insultos que llegan por cercanos a la verdad, entre otras cosas: lo que ahora debe mantenerse en nuestra atención es algo que no merece ninguna distracción y es la imagen ultra nítida de un grupo de señoras bailando en un monte tratando de exponer su noción del mundo para que los espectadores no se salgan del corral y queden bautizados y además hipnotizados por lo que acaban de ver, entonces nace y se retuerce en nuestro interior un pequeño y delgado organismo, muy húmedo y enojado que intenta mordernos para despertanos de la hipnosis mas no logra lograrlo porque es más fuerte la atracción superyóica de las tipas que muestran sus senos sólo para descabellarnos porque no permiten que las toquen para evitar una pérdida absurda de la virginidad y entonces surge todo un sistema de procesos para evitar la pérdida abusrda de la virginidad y lo llaman también hombre y lo llaman también científico; pero en ese momento tuve que decirle a Martín que dejara de apuntarme por primera vez, ya la imagen de las señoras era suficiente aberrante como para tolerar que mi mejor amigo tuviera algún símil con el grupo de mujeres que a lo lejos todavía de cuando en cuando nos miraban a Lupe y a mí que todavía no podíamos darnos el tiempo suficiente para tocarnos, para abrazarnos, para dejarnos llevar por lo del otro lado y el flujo de flujos que simplemente no dejaban de fluir. La interrupción que causó la espalda de la mesera de las tetas apretadas bordeó con la pérdida de mi consciencia. En un momento toqué algo que fue causa de un estallido interno y de pronto el pantalón apretado que mostraba una intención de lejanía también invitaba sin decir nada a un frenesí sin mesura. No quise ni imaginar que quizá todo era un sueño y que toda esta lentitud apresurada era sólo imaginación de mi hermano que soñaba del otro lado, allí acostado en la cama de mi cuarto, solo y sin Lupe, sin los solados, sin los estallidos y quizá eso explicaba el número ingrato de orgasmos que venía sintiendo ya desde hace unos segundos. No caeré en leyendas, estas divagaciones sólo aumentaron mi excitación y recordé cuántos tragos le había dado a mis ya no sé cuántas bebidas. Martín me preguntaba cómo podría transformar algo literario, onírico y atemporal en cine; pero como lo hacía en sus adentros yo no me enteré y no supe qué responderle ni supe qué se respondía ni a qué venía eso de transformar lo literario en cine cuando una cosa pertenece a un orden y otra a otro y así lo manda el rey: no hay más discusión aunque podríamos esforzarnos pero sé que sería muy cansado y que no llegaríamos jamás a los resultados que se atisban en la intuición fugaz de la certidumbre absoluta de la dialéctica que busca la atención directa del grupo de mujeres. Este bípedo, pensé, no hace sino tratarme como una mascota visceral y no está considerando mi sexo, mi deseo, el sudor y todo lo que hacemos en común pero no hablamos de. Habrá que sugerir una nueva etapa en nuestra relación porque no sólo somos carne y hueso sino que también alucinamos y queremos hablar de nuestras alucinaciones para que lo supremo no supedite nuestras nimias intenciones. Pero yo todavía estoy cada vez más sediento de Lupe y de whiskey y de proyectar en algún momento toda la sucesión de imágenes que ahora mismo están quedando grabadas en mi cámara para frotarme la verga con un entusiasmo poético frente a la pantalla y mancharla toda mientras grabo eso también para luego mostrárselo a Lupe y le den ganas de hacer algo similar.

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