Friday, August 14, 2009
En el segundo instante
Se sintieron unas miradas a lo lejos y la tenue luz que emanabamos se infiltraba, que no le quepa duda, a través de la córnea de un grupo de mujeres de las cuales sólo una poseía el poder suficiente como para provocar un pensamiento superyóico en el momento que mi mano in automaticus se acercaba para rosar una de las mejillas que ruborizadas por la sustancia se acercaban cada vez más a el dedo índice que no apuntaba como el de Martín, sino que esperaba con delicadeza la extensión epidérmica para electrificar los huesos más duros del cuerpo; pero todo sería mentira de no haber sido porque la mesera no había todavía movido su cuerpo del espacio donde danzaba nuestra irrelevante dialéctica practico-funcional que a destiempo sabía que llegaría quizá el momento en que habría otros hielos, otro vaso y más whiskey cerca de mí reflejando un pasado autoritario donde tocar sin hablar queda vetado por los soldados que surgían como nopales y se levantaban de la cama para clavar fijamente la mirada en otra, la que se sabía haciendo lo que no debía mas ignoraba o por lo menos intentaba ignorar lo que sucedía porque ello sabía que quería y ella sabía que ello quería y que ello y ello debían fusionarse instantáneamente aunque el orgasmo haya pasado ya y nosotros sólo tengamos que manifestarlo en el bar donde todavía Martín me señalaba con un dedo tratando de decir algo que yo sabía que no podía dejarlo saber que podía comprender porque todo el mundo sabe ya lo peligroso que puede ser darle permiso a otro para entrar más allá de los ojos y darle licencia para que penetre las membranas neuronales que conectadas a su manera pueden estallar en una secuencia sorpresiva de alterantes para evitar su aparición porque prefieren quedarse escondidas en lo más profundo de lo profundo, es decir, que optan por la invisibilidad necesaria y que al siquiera tratar de hablar de ellas surge instantáneamente fuera de nosotros algo verde que se mueve para evitar encajonar los procesos orgánicos de la defensa personal del hebrio. No bastó la doble distracción para que bajara su mano y me dijo que apagara la cámara porque conocía a Lupe de hacía mucho tiempo y no quisiera que el video terminara en alguna parte donde más de uno tuviera acceso a la masturbación in vitro al tiempo en que ya mi mano se acobijaba con el borde de su blusa que bajo el cuello había dejado el espacio preciso para que se internara con suavidad hasta que una curvatura y unos ojos lejanos efectuaran la vociferación de un quejido que más bien sonó como jadeo pero pudo finalmente ser identificado por lo importante como un no me importa lo que sucede a mi alrededor, Lupe, que aquí mismo voy a grabar todo esto porque sin el tercero ojo no podría excitarme lo suficiente como para ignorar a los soldados que ya giraban la cabeza de un lado a otro aceptando la perversión que pudiera llegar a ocurrir si acaso lograba levantarme del cómodo lugar donde bailaba todavía con la ahora identificable mayéutica de la señorita que mostraba sus apretados pechos como signo de algún tipo de delirio en donde quizá alguien pudiera acercársele con una galletita cubierta con mermelada de fresa para pedirle que abra la boca y morderla para que las migajas caigan donde ahora mi mano energética se mueve despacio para que cuando eso suceda la mujer sólo baje la mirada consternada por lo que acaba de ocurrir pero sabiendo cómo el corte había sido funcional y no delirante para que pudiese bajar el otro su cabeza curveando la espalda y levantando la mano para sacarle uno de los pechos por el borde de la blusa que igual de apretada que sus pechos impedía el suculento placer de sacar la lengua para mezclar el calor de un lado con el otro sólo a través del aire y todavía no de forma epidérmica para dejar que el tiempo haga lo que debía hacer allá abajo donde apenas la función nerviosa derretía los relojes sin cuerda que bajarían para mojarlo todo; pero no consideraría siquiera apagar la cámara en el momento más importante, cuando en la cabeza de Martín se sucedían una serie de comentarios, preguntas y respuestas sobre el cine y de sus razones de ser. Nunca pensé que pudiera preguntárme algo así, no sabría contestarle y por eso supongo que se obligó a callar y hacerse las preguntas en sí mismo y no exteriorizarlas como yo el deseo de que mi nuevo whiskey estuviera ya cerca de mi otra mano que ya se había levantado de la alfombra para acercarse al pantalón azúl con áspera textura que callado otorgaba todos sus dobleces al auténtico y original placer de la tensión de un nuevo orgasmo que no requiere de existencia externa.
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